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Quemaduras solares, qué hacer paso a paso

Un error muy repetido, sobre todo en los veranos cuando llega el tiempo de playa, es hablar de tomar el sol para adquirir un bronceado saludable, condición esta que no existe.

Largas y repetidas exposiciones al sol provocan el envejecimiento prematuro de la piel, además de otros efectos de consideración y daños cutáneos permanentes que en el largo plazo pueden devenir incluso en cáncer de piel.

Pero en lapsos más cortos, comúnmente vemos o podemos sufrir quemaduras solares derivadas de una sobreexposición a los rayos ultravioleta del sol y a pesar de que sus síntomas son temporales, sus efectos son permanentes.

Las quemaduras solares, sean de primer o segundo grado, y aunque pienses que sanas rápido, producen en nuestra piel daños irreparables y acumulativos. De hecho, el cáncer de piel es una enfermedad que mayormente se da en la adultez, pero cuyo origen se ubica con certeza en exposiciones desmesuradas a los rayos del astro rey desde la infancia.

¿Cómo prevenir las quemaduras solares?

La prevención es el primer eslabón en la cadena de enfrentamiento a cualquier fenómeno. A menos que trabajes muchas horas bajo el sol, condición en la que también puedes proteger tu piel, prevenir las quemaduras solares es posible.

Para ello basta con evitar la exposición al sol en las horas de mayor intensidad de sus rayos, entre las 10:00 a.m. y las 4:00 p.m.

Otra medida preventiva es el empleo de protectores solares. Los mejores son aquellos cuyo factor de protección solar (FPS) es superior a 30, o este valor, y para aprovecharlos adecuadamente no debemos dejar de untarlo en la cara, nariz, orejas y hombros, partes que llevan casi siempre la peor tajada en estas quemaduras.

El protector solar debe aplicarse por lo menos media hora antes de la exposición al sol, para garantizar que penetre bien en la piel. Luego, después de nadar o tomar una zambullida debemos volver aplicarlo, al igual que debemos hacerlo cada dos horas mientras permanezcamos al aire libre, bajo el impacto del sol.

Además de las lociones, para reforzar nuestro “blindaje”, que nunca es tal, se pueden usar sombreros y otras prendas de vestir, algunas vienen con protección FPS, así como un lente con protección solar elevada (UV) y un bálsamo labial, también con capacidad preventiva para las quemaduras.

Es importante conocer que lactantes y niños son muy sensibles a las quemaduras solares, por lo que debemos prestar un especial énfasis a su protección. Asimismo, las personas de piel blanca son más propensas a las quemaduras, pero las de pieles oscuras no escapan al efecto del sol y también deben protegerse para evitar daños.

Asimismo, las famosas lámparas solares de spas y sitios donde las personas acuden a tomar esos dañinos bronceados, también pueden provocar quemaduras solares.

Síntomas habituales

Los síntomas más frecuentes de estas quemaduras son piel roja y caliente, con mucha sensibilidad al tacto, ampollas, reacciones severas que en ocasiones son referenciadas como envenenamiento solar y puede incluir escalofríos, fiebres, erupciones y náuseas, y el desprendimiento de la piel quemada, varios días después de producidas las quemaduras.

Con respecto a los síntomas, es importante conocer que los primeros pueden que no aparezcan hasta algunas horas después y que sus efectos no se observen hasta luego del primer día, e incluso más.

¿Qué hacer?

La prevención es el mejor tratamiento de cualquier enfermedad o padecimiento, pero si aun así sufriste quemaduras solares, entre las medidas que puedes adoptar están las baños con agua fría, colocar compresas húmedas e igual frías en las quemaduras por más de 10 minutos y varias ocasiones por jornada, untar lociones que calmen o alivien la piel, tomar analgésicos y antinflamatorios libres de prescripción médica, pero nunca aspirina a los niños, y aplicar remedios caseros de probada efectividad como el gel de aloe vera.

Cuando tenemos quemaduras solares, no debemos lavar la piel quemada con un jabón fuerte ni aplicar algunas pomadas o ungüentos como vaselina, benzocaína o lidocaína, pues estas agravarían los síntomas e incluso pueden impedir la correcta cicatrización.

Asimismo, si tuviéramos síntomas de shock, agotamiento, deshidratación u otras reacciones severas como sensaciones de desmayo o mareo, aceleración de los ritmos cardiacos y respiratoritos, dolor ocular y sensibilidad a la luz, ampollas de grandes dimensiones y causantes de dolor, así como náuseas, fiebre y escalofríos, deberíamos acudir de inmediato al médico, pues en estos casos la sanación no se reduce a tratamientos caseros.

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